El hombre que se amaba mucho a sí mismo


¿Conoces la historia del hombre que se amaba mucho a sí mismo?

Había una vez un hombre que no se amaba así mismo, esta historia llegó a mí por una pintura encontrada en un ático que se quemó en el gran incendio de 1947. La pintura cuenta que un hombre llamado David Deul, un hombre fantasma de fin de siglo, alimentaba la parte humana de su cerebro con un feroz odio hacia su propia imagen. En su espíritu todo era hermoso y bueno, todo excepto él mismo. Y solo podría atraer al diablo:

–Mire esta moneda, es extraordinaria o ¿acaso no lo es? Es una moneda de la costa de La Republica de la Hermandad. -No estoy interesado gracias- ¿Y una piedra? Ella previene terremotos y tormentas- Me gustan los terremotos y las tormentas- ¿Esta cruz de malta? -No ahora, gracias- -¿Y este reloj de arena?- Saca un reloj, indicando que no necesita otro- ¿Y esta copa?- No gracias- ¿Una caja de música turca?¿Un compás?¿Una rosa?¿Una espada?- ¿Sabes qué quiero?- Si tú sabes exactamente lo que quieres, debo tenerlo. Dime… dime- Mi deseo es negativo, No me gusto a mí mismo. Me gustaría ser (parecer) quien sea menos yo.- Eso será hecho. Te costará un millón de escudos- No los tengo, pero ven a mi casa mañana y te los daré.-

Pero durante la noche, la parte espectral de su cerebro, rechazaba su nueva apariencia… y al día siguiente…

-Realmente no me gusta como luzco, prefiero mi vieja apariencia y mi voz- Está bien, son 4 millones de escudos- ¿Por qué? ¡No hiciste nada! No te debo nada.-

Nunca debes estar en deuda con un demonio, no importa cuán encantador sea. En ese momento él se volvió una especie de camaleón, todo lo que tenía que hacer era mirar a alguien en la calle para tomar su apariencia y eso tenía consecuencias. La inquisición tenía que detenerlo y fue arrestado y él reconoció al diablo en prisión

-¡Qué sorpresa!- -Estamos a mano- ¿Todo bien?- Perdona por no mirarte, pero no quiero tomar tu apariencia.- ¿No te gustó?- No, prefiero ser como soy- Pensé que no te amabas a ti mismo- Eso es verdad, pero amo a los otros incluso menos- Eso me recuerda la historia del hombre que no amaba a los hombres, pero él se amaba mucho a sí mismo. Él era pintor, su nombre era Mariani. Lo conocí hace mucho tiempo, en el tiempo que él era caballero en busca de aventura, un gallego de la religión, fue tomado prisionero con nosotros…

–Acabo de ver a El Gran Inquisidor, fui a pintarle un retrato, podría hacerlo en una habitación sin ventanas, él es igual a mí- A lo que todos los demás prisioneros rieron –Me gusta tu cara, es como la mía- ¿Enserio?- Tu nariz es sublime, luce como si fuera copiada de la mía- Mil gracias- ¡Y tu mandíbula! ¡Qué bella es! El inquisidor vivió toda su vida en esta prisión, subiendo y bajando por los corredores y en las habitaciones del consejo, así como en las cámaras de tortura. Las caras están pintadas ahí. Muestran los pasajes secretos que usaremos para escapar.- Él hizo el retrato del inquisidor y escapó gracias a su conocimiento indirecto que el inquisidor tenía del castillo.

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