Y por la tarde me invitaste a merendar…


WP_20170506_09_33_09_ProCreía que podía superarte, pero no es así… los recuerdos aún me invaden ¿lo sabes?

Claro que no, cómo lo vas a saber; aún me invento historias donde tú y yo estamos juntos; donde yo nadie salió herido (y no hablo de mí), en las que el único daño colateral fue el de mi cuerpo chocando contra el tuyo…

Mañanas en las que me despierta el olor del café y en las que yo he renunciado a dormir solo (porque he aprendido que hay algo agradable en el despertar con alguien), en las que las tardes lluviosas no importen porque contigo sólo habría días soleados, lo cual es raro ya que prefiero días lluviosos. Pero es que así eres tú para mí, como una droga, me pongo nervioso nada más verte y mi tremor se vuelve incontrolable, tu mirada, tu sonrisa sólo para mí, entonces pienso que quieres estar a mí lado, que en realidad no soy tan cansino y hasta me haces sentir guapo a pesar de ser el Chico Ostra. Sé que notarías que mi corazón palpita sin control, mi boca seca y mis pupilas dilatadas, ya no podría fingir, es mi forma de ser, una que no conocía, pero es que en mi cabeza tu tienes un corazón cálido y rojo, como el fuego lento que calentó ese café que me despertó…

Entonces se apaga el sueño antes de despertar, sabemos que no es ni fue así. Y aunque el olor del café podría decir que permanece igual, su sabor ya no es el mismo…

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